ACEPTAR... ASUMIR... DEJAR IR
ACEPTAR... ASUMIR… DEJAR
IR
ALBERTO J. MERLANO A. [1]
En este artículo se presentan las bases de lo que el Maestro Gerardo Schmedling, denomino ACEPTOLOGÍA, una de las herramientas de desarrollo personal más poderosas que existen para lograr la tan anhelada paz interior.
ACEPTAR, significa dejar de pelear con la vida, aceptando a
las personas, las situaciones, las circunstancias y los hechos tal como se den,
incluidas decisiones y acciones del pasado, lo malo, así como lo bueno.
ASUMIR significa no culpar a nada ni a nadie, ni
siquiera a nosotros mismos por las situaciones que nos correspondan vivir, por
el resultado de las decisiones que libremente hemos tomado y por las emociones
y sentimientos que experimentamos. Para ello hemos de comprender que si bien,
no controlamos mucho de lo que nos sucede, si lo hacemos con la forma en que
reaccionamos a ello.
Cuando asumimos la responsabilidad por lo que nos acontece, dejamos de culpar a
los demás y tomamos el control de nuestra propia existencia, abandonando la
posición de víctimas.
DEJAR IR implica saber renunciar no aferrándonos a
aquello que la razón nos dice es, en nuestras circunstancias, imposible o muy
costoso de lograr. Sólo podemos dejar ir aquello que hemos bendecido. Al respecto podría ser útil
recordar el hermoso pensamiento expresado por el poeta brasilero Machado de
Assis: “La noche pasada, cuando tumbado
dormía, soñé que una colmena moraba en mi corazón y que las abejas doradas
hacían blancos panales y miel dulce de todos mis naufragios”.
ACEPTAR…ASUMIR…Y DEJAR IR estimula la
capacidad de dar respuestas creativas a la vida, tal como es, en el aquí y en
el ahora, es
liberarse del pasado, dejarlo atrás, con el objeto de poder comenzar a
experimentar la vida tal como es en presente, empezando entre otras cosas, a
aceptarnos como somos con todo lo que consideramos nuestras imperfecciones.
Sin los fracasos de ayer no seríamos lo que somos hoy.
Evaluar nuestras acciones pasadas a la luz de lo que somos en presente no es
racional, pues si volviéramos atrás con el grado de consciencia e información
que teníamos en ese momento, volveríamos a cometer los errores que hoy
lamentamos. Esta es también la base del perdón: la convicción de que
todo ser humano actúa dentro de las limitaciones de su nivel de evolución y de
sus circunstancias.
¿Cómo
saber cuándo es bueno luchar y cuándo aceptar? Una conocida
oración atribuida a San Francisco de Asís, nos puede ayudar a decidir. En ella
se pide a Dios fortaleza para cambiar lo que sea modificable, aceptación de lo que
al cambio se resista y sabiduría para reconocer la diferencia.
Cooperemos con lo inevitable, ayudando a
que sea lo que ha de ser. Al cerrarnos al cambio no
podemos permanecer abiertos a la vida. El deseo de controlarlo es nuestro gran
obstáculo hacia el logro de la felicidad.
Dejemos que la gente sea
como es y viva la vida a su manera. No tratemos de hacer a los demás copias de
nosotros mismos; basta con el original.
Una de las nobles verdades de Buda, tal
vez la más conocida, es que las expectativas, los apegos, son la causa del
sufrimiento. Otra dice que la forma de extinguir el sufrimiento es eliminarlos.
Cuando dejamos de esperar que las cosas sean distintas a lo que son, comenzamos
a transitar el sendero de la paz interior.
Si
dejamos de luchar y de resistirnos a lo inevitable, viviremos plenamente el
presente, permaneciendo abiertos a todas las opciones sin aferrarnos
rígidamente a ninguna de ellas.
Siempre que enfrentemos cualquier evento
recordemos: Este momento es como debe ser. Las cosas son como son, los juicios los
elaboramos nosotros mismos. Bueno o malo son evaluaciones de la mente, sólo
tenemos vida por vivir. Esto es así porque en la vida no parece haber
premios ni castigos decretados por una entidad externa a nosotros mismos, sólo
consecuencias de nuestros propios actos.
Busquemos explicaciones más que culpas,
tratando de aprender de todo lo que nos pase, renunciando incluso a entender,
si no nos es posible explicarnos por qué algo sucedió como sucedió. Todo lo que
nos pase, bien aprovechado, trabaja en favor de nuestra auto-realización. En
cada problema hay una oportunidad, que nos permite transformar cualquier
circunstancia adversa, en algo positivo.
De nosotros depende esta alquimia.
Cuando
nos encontremos sufriendo ante cualquier situación hagámonos esta pregunta, ¿Qué es lo que no estoy aceptando? Al planteárnosla
encontraremos la causa del sufrimiento. Para Gerardo Schmedling, reputado
maestro espiritual ya fallecido, aquello que no somos capaces de aceptar es la
única causa del sufrimiento. Para él, si lográramos admitirla obtendríamos una
liberación instantánea del dolor.
No hay nada que no se pueda aceptar, incluso la propia
falta de aceptación. Ésta literalmente obra milagros pues el cambiar nuestra percepción
de lo que vivimos modifica nuestras relaciones con nosotros mismos y con el
entorno, propiciando nuestro propio cambio y el de los demás.
AFIRMACIÓN:
RENUNCIO a intentar
cambiar a los demás y, en su lugar, trabajaré sobre mí mismo. RENUNCIO a luchar
y a tratar de modificar el orden del UNIVERSO y sus procesos cuando no me
corresponda hacerlo, y, sobre todo, a tratar de interferir con las
experiencias de vida de las demás personas.
ASUMO el resultado de mis decisiones y de mis
experiencias de vida. Sé que mis pensamientos y sentimientos los genero yo
mismo y no lo que sucede a mi alrededor, y mucho menos lo que piense, digan,
hagan, o dejen de hacer los demás. RENUNCIO a culpar a nada ni a nadie,
incluyéndome a mí mismo, por lo que piense o sienta.
[1] Administrador de Negocios de EAFIT. MBA Universidad del Valle. Consultor
en Administración a Escala Humana con énfasis en Manejo de Conflictos desde el
SER. Profesor de las Facultades de Administración de la Universidad de los
Andes de Bogotá y de la Universidad del Norte de Barranquilla.

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