RECORRER CAMINOS CON CORAZÓN

RECORRER CAMINOS CON CORAZÓN[1]

ALBERTO J. MERLANO A.[2]

 

UNA PERSONA QUE TRABAJA EN LO QUE NO AMA, ES UN DESOCUPADO AUNQUE TRABAJE TODO EL DÍA.

FACUNDO CABRAL

 

 


Esta opción está relacionada con el SER, buscando en cada experiencia existencial expresar todas las posibilidades que existan dentro de nosotros mismos. En esta orientación el hacer y el tener estarían supeditados al ser. La vida se miraría como una especie de arte mayor, como bailar, cantar, pintar... fin en sí misma.  

Un camino que tiene corazón, según Carlos Castañeda[3], es aquel cuyo recorrido es placentero, aunque no conduzca a ninguna parte. 

Si nuestros caminos tienen corazón nuestra vida es como una danza que se baila por el placer de bailar; si no lo tiene, es como una sesión de aeróbicos musicalizados, si la hacemos para rebajar de peso o fortalecer el músculo cardíaco y no por el placer de bailar. 

Cualquier sendero que escojamos es un camino entre cantidades de caminos. En todos aprendemos, pero si sentimos que no es conveniente seguirlo porque sus beneficios son inferiores a sus costos, debemos abandonarlo. 

Miremos cada camino con cuidado, probémoslo tantas veces como consideremos necesario. Luego hagámonos una pregunta. ¿Tiene corazón este camino? Si la respuesta es no, escojamos otro. Si tiene corazón, el camino es bueno y nos hará gozoso el viaje; si no lo tiene, generará infelicidad.  

En el campo administrativo, como lo señala Peter Drucker en su clásico libro, El ejecutivo Eficaz,[4] lo más conveniente es construir sobre fortalezas, las propias y las de los demás; no sobre debilidades. Para ello debemos usar nuestra ventaja competitiva, es decir, aquello que hacemos bien en forma natural... lo que se nos da. En el evento de que no podamos cambiar de camino cobra sentido la recomendación consistente en que, si no logramos hacer lo que amamos, debemos aprender a amar lo que hacemos. 

Cuando recorremos caminos con corazón fluimos. Una persona que fluye, según Mihaly Csikszentmihalyi[5]está completamente centrada en la acción no en los resultados de la misma. La persona se hace una con lo que está realizando, desapareciendo en esos momentos la consciencia de sí. La sensación de tiempo se distorsiona, convirtiéndose las horas en minutos. Cuando en una actividad fluimos, funcionamos a plenitud de cuerpo y mente. El fluir se da cuando nuestros actos brotan del amor. Esto se logra cuando recorremos caminos con corazón. 

La decisión de seguir un camino laboral debe responder a nuestra vocación; es decir, a que en él expresemos nuestro ser empleando nuestras fortalezas, haciendo lo que nos es natural hacer. La vocación y el desafío que nos haga emplearnos a fondo, parecen ser indispensables para convertir la tarea en un fin en sí mismo y fluir con ella. Cuando esto pasa, las sensaciones que experimentamos en el trabajo no son diferentes a las que sentimos cuando nos estamos divirtiendo. La separación entre trabajo y tiempo libre se difumina. Hacemos las cosas porque nos proporcionan una satisfacción intrínseca, inmanente a la actividad misma, no para conseguir un propósito externo, pues realizarla conlleva su propia recompensa. En este contexto tiene razón Facundo Cabral cuando dice que una persona que trabaja en lo que no ama es un desocupado, aunque trabaje todo el día. Felicidad laboral, implicaría por lo tanto estar haciendo lo que haríamos gratis, y tener alguien que nos pague por ello. La investigación de F. Herzberg, una de las más amplias que se ha hecho en el campo de la motivación hacia el trabajo, parece validar lo anterior.[6]

¿Es nuestro trabajo un camino con corazón? ¿Lo seguiríamos recorriendo, aunque no tuviésemos necesidad de trabajar para vivir? 

El buen trabajo, el trabajo con corazón, produce resultados tangibles para los demás; lo que entregamos nos enorgullece, porque sentimos que estamos colaborando a mejorar la condición humana. 

Cuando expresamos en el trabajo nuestra vocación y aptitudes, poniendo lo que hacemos al servicio de los demás, experimentamos la sensación de estar recorriendo un camino con corazón, fluyendo con él.Es propio de nuestra naturaleza humana hacer que los sueños se conviertan en realidad. Esto podemos lograrlo poniendo el mínimo de obstáculos, ojalá ninguno, a las fuerzas naturales que fluyen dentro de nosotros. Ello equivale al Wu Wei del taoísmo, consistente en lograr el mejor resultado a través de la comprensión de la naturaleza de aquello que deseemos cambiar, haciéndolo con el mínimo de perturbación de su esencia.

Para Carlos Castañeda no es difícil saber si un camino tiene corazón o no. El problema es que no nos hacemos la pregunta y cuando por fin nos percatamos que no tiene corazón, el camino ya está a punto de matarnos. En esas circunstancias, dice Castañeda, muy pocos seres humanos examinarán críticamente lo que los motivó a recorrerlo y sólo excepcionalmente decidirán algunos, dejar de transitarlo. 

Un subproducto adicional de esta práctica es que cuando comenzamos a fluir con la propia corriente existencial, la vida parece dejar de oponérsenos, porque vivimos en armonía con la forma en que nos expresamos a través de ella. 



[1] Tomado del artículo PRACTICAS PARA DESARROLLAR LA AUTO-CONSCIENCIA, de Alberto Merlano, publicada en la revista Pensamiento & Gestión de la División de Ciencias Administrativas, No. 17, de la Universidad del Norte en diciembre del 2004.Ultima corrección: 10 de octubre 2007 

[2] Administrador de Negocios de EAFIT. MBA Universidad del Valle. Consultor en Administración a Escala Humana con énfasis en Manejo de Conflictos. Profesor de las Facultades de Administración de la Universidad de los Andes de Bogotá y de la Universidad del Norte de Barranquilla. 

[3] Prestigiosos escritor peruano, ubicado normalmente por los estudiosos en el campo del chamanismo. Hay disponible solicitando al e-mail albertomerlano2009@gmail.com un extracto de las siguientes obras: Las enseñanzas de Don Juan. Fondo de Cultura Económica. México - 1974. Una realidad aparte. Fondo de Cultura Económica. México - 1974. Viaje a Ixtlan. Fondo de Cultura Económica. México - 1975. Relatos de Poder. Fondo de Cultura Económica. México - 1976. El don del águila. Editorial Diana, México, 1982 El segundo anillo de poder. Emecé, Editores. 1987 El fuego interior. Editorial Everest, León. 1986. 

[4] Drucker, Peter: El ejecutivo eficaz. Editorial Sudamericana, Décima Cuarta reimpresión. 1996, Argentina.  

[5]  Aprender a fluir. Editorial Kairos, Barcelona 1998. Hay resumen disponible a solicitud de   los interesados, pidiéndolo al e-mail señalado en la nota de pie de página No.3. 

[6]  Ver Merlano, Alberto Motivación y Productividad Publicado como capítulo del libro Gerencia Social: una alternativa para el desarrollo humano, editado por la Universidad de Antioquia- 1996. Disponible a solicitud del interesado pidiéndolo al e-mail señalado en la nota de pie de página No.3.

 


Comentarios

Entradas más populares de este blog

LOS CONTRADICTORES COMO MAESTROS